Umbral, aunque ya no estés en este mundo, por lo menos nos quedan tus libros

Estimados:
Me he enterado por un mail de la iguana , ya que últimamente tengo poco tiempo de leer el paisito y enterarme de las noticias que suceden en la península ibérica y además me encuentro a punto de salir hacia Chile, del fallecimiento de Francisco Umbral.
Sirva esto que publico como homenaje póstumo a un grande de las letras españolas y también, aunque con poco reconocimiento fuera de las fronteras patrias, de las letras universales.
Mi primer contacto con un escrito de umbral se produjo, y fue un amor a primera vista, cuando me encontraba estudiando la secundaria y no me perdía ninguna de las colaboraciones que escribía en la revista Interviú, bien es cierto que lo primero que miraba de esa publicación, antes incluso que el artículo de Umbral era el reportaje fotográfico de la señorita que aparecía en paños menores en cada número. Afortunadamente para mi educación literaria y desafortunadamente para la académica, en mi época de instituto era muy constante a al hora de estudiar dos días antes para los exámenes de aquellas asignaturas que no me ofrecían ningún tipo de interés, o sea, casi todas en las cuales había que utilizar una calculadora o una regla, por lo cual disponía de bastante tiempo libre para guarecerme en alguna biblioteca cercana, y en esto doy las gracias a la Excelentísima Diputación Foral de Bilbao por tener unos locales tan acogedores, y dedicarme a la lectura compulsiva.
La verdad que la prosa de umbral, para un adolescente cómo yo al cual se le empezaban ya a quitar los granos preadolescentes y que, supongo que estaba en la edad, adoraba lo vanguardista, lo extremo, lo inconformista y lo rebelde, esos ataques que con una prosa muy cuidada, realizaba en sus columnas, colaboraciones en prensa y libros ante la hipocresía de la sociedad española de todos los tiempos, la verdad es que me encantaban.
A media que la adolescencia dejaba paso a la primera juventud, y también debido a que tenía que realizar un desplazamiento de 2 horas y media en autobús para acudir diariamente a la facultad, Umbral se convirtió en uno mis autores favoritos, tanto literaria como periodísticamente, inclusive en aquella época compraba un periódico de difusión nacional fundamentalmente porque él escribía una columna diaria en ese medio. A parte de divertirme mucho en esa época con el lenguaje y la crítica que realizaba ante cualquier tipo de totalitarismo en sus escritos, la lectura de sus libros me enseño mucho de la historia de España (guerra civil, dictadura de franco, lucha antifranquista, transición hacia la democracia) y de la situación política que se estaba viviendo en los 90′ en España. También me ese autor me enseño con sus libros, como muchos otros, a poder enunciar de una manera coherente mis ideas en un papel.
Abandonada la primera juventud, mi interés por sus escritos empezó a declinar, o al menos dejo de ser un escritor del cual estuviera al tanto de cual era lo último que había publicado para poder adquirirlo o para que algún amigo me lo dejase (gracias a laiguana por haberme prestado un ejemplar de Mortal y Rosa, el cual debo de confesar que no acabé, por lo menos cuando él lo me dejó, de leerlo y también gracias por haberlo distraído durante una buena temporada del cuarto de uno de sus hermanos para que yo me lo pudiese leer). Bien es cierto que eso es un índice de que este escrito cultivaba el irracionalismo, la pasión, el desparpajo, y un absoluta libertad para verter sus opiniones libremente, cosa que desgraciadamente las personas, o al menos es mi caso, empiezas ha perder pasados los 26 o 27 años.
Francisco, espero que en ese cielo literario en que seguramente ya estás, con todo merecimiento, te encuentres con tus Señoritas de Aviñon.