Llega el verano. Los días ya se anuncian más luminosos y espléndidos. Sube la temperatura y se comienza a ver a la gente por la calle con un atuendo mucho más veraniego. Las noches son más calurosas y a muchos de nosotros, en estos primeros días de no todavía de la canícula, pero si de unas temperaturas que no eran habituales hasta hace pocas fechas, nos cuesta acostumbrarnos al comienzo del estío.
Quizás en estos momentos recordamos otros estíos, en los cuales el verano era sinónimo de casi tres meses dedicados al ludos ludi. Cuando el final del periodo lectivo era sinónimo de frenética actividad deportiva, de fiestas hasta las tantas y de algún que otro escarceo amoroso, en el cual, quizás producto del alcohol, el rendimiento no era todo lo bueno que debiera.
También solía ser una buena temporada para dedicar tu tiempo, quizás ya con la mayoría de edad, de descubrir muchas cosas, muchas de ellas quizás no políticamente correctas y que a tu entorno adulto hacía que, cómo se dice coloquialmente, te leyésen la cartilla. Eso en aquella época solía tener, prácticamente la respuesta automática, cómo los mail, no te metas en mi vida, cosa que ahora que uno tiene ya unos años, oigo también bastante a alguna gente que en estos momentos entra en su mayoría de edad.
Tenemos en cuenta el verano presente, lleno ya de las obligaciones de la adultez y en el cual normalmente, si llegamos a permitirnos un mes entero de vacaciones, siempre nos las ingeniamos para acabar, si nos lo podemos permitir, gestas vacacionales con un sentido taylorista del conocimiento de lugares, es decir, como en resto de nuestra vida diaria andamos programándolo todo y buscando la productividad, en este caso de tipo vacacional. Seguramente habiendo jurado muchas veces a lo largo de nuestra vida no volver a repetir el modelo de nuestros padres, llegados a la mitad de nuestra vida, si analizamos un poco nuestro devenir, si no es un calco, al menos se le parece mucho.
También, muchos de nosotros, pensamos, quizás tú lector pienses de otra manera, cómo serán nuestros veranos futuros: más tranquilos, con más tiempo para, inclusive, descansar. Cómo cantaba Franco Battiato en una de sus canciones, vivir a otra velocidad, en mi caso con mayor tiempo para leer todo aquello que acabas teniendo atrasado durante el año y reflexionar sosegadamente sobre muchas cosas. Con mayores capacidades, quizás ya la edad te da eso, de dejar a un lado muchas cosas que consideras accesorias y centrarte en las que consideras verdaderamente importantes. Quizás te llega el momento, todavía queda mucho, de volver un poco la vista atrás y espero, sentirte bastante contento de cómo viviste o intentaste vivir los años que quedaron atrás.
Pensarán ustedes, estimados lectores, que esta blog - note sea quizás demasiado filosófica, pero es que si se fijan en mi perfil, en el slide bar de la derecha, y concretamente en su segundo dígito, dónde antes el guarismo indicaba cinco, ahora se muestra un seis. Y, al menos a mi, y a medida que pasan los años, en esas fechas dónde el reloj biológico marca su inexorable y casi siempre espero que fructífero cambio de ciclo, me da un poco por la introspección.
En resumidas cuentas, estimados lectores, les deseo a todos ustedes un feliz verano.
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