El genocida ya está entre rejas

Estimados lectores:
Esta semana pudimos leer en el periódico que el genocida Radovan Karazic había sido detenido en Belgrado. Yo la verdad recordando que había sido uno de los principales artífices del baño de sangre que se produjo en los Balcanes en la década de los 90 del siglo pasado me alegré y mucho.
Vivía escondido bajo otra identidad, Dragan Dabic, y se había convertido en Belgrado en un apostol de la vida sana, trabajando como comercial en una empresa que comercializaba complejos vitamínicos. Dice la prensa que llevaba una vida aparentemente normal y que dentro del ramo en el que trabajaba había adquirido mucho prestigio y que llevaba una intensa vida social.
Se supone que los servicios secretos serbios sabían desde hacía mucho tiempo dónde vivía pero que ha sido el cambio de gabinete en Serbia el que ha hecho que el nuevo gobierno filtrase la información que ha precipitado su detención. El genocida en cuestión, miren ustedes lo que son las cosas, era considerado por el vecindario como un dechado de virtudes y de humanidad, incluso los niños del vecindario dónde vivía, debido a las luengas barbas que lo caracterizaban, lo habían puesto el apelativo de “Papa Nóel”. La verdad que el aspecto que tenía, lo pueden ver ustedes en la fotografía que le fue sacada en un bar en el que solía a acudir con asiduidad en el Nuevo Belgrado, en el barrio en el que vivía, y dónde se le rendía culto, tanto a su alter ego cómo a su verdadera personalidad.
Recordemos que en la década de los 90 del pasado siglo se produjo en centro europa, en los Balcanes, una de las guerras más sucias que se recordaba desde la Segunda Guerra Mundial. Allí hubo de todo, asesinatos, violaciones, limpieza étnica. Y este psiquiatra, ¿estudiaría psiquiatría para intentar sanar de su locura?, fue uno de los principales artífices. Aunque bien es cierto que todos los bandos en conflicto, serbios, musulmanes y croatas cometieron atrocidades, los que comenzaron el fuego fueron los serbios y especialmente él en conjunción con Ratko Mladic, el responsable del ejército, y Milosevic.
Realmente se trató de un nuevo nazismo, tanto en las formas como en el fondo. Detrás de llamadas a recuperar la “Gran Serbia” y un movimiento de corte étnicista y xenófobo, lo que había debajo eran grandes negocios, algunos de ellos protagonizados por algunos de los países occidentales, no fuera así Francia no hubiera tenido tanta importancia dentro del contingente internacional que estuvo por aquellos pagos.
Recodar, con pesar, a los más de 8.000 seres humanos, hombres ancianos, mujeres y niños, que fueron vilmente asesinados en la matanza de Sbrenica, y por la cual será seguramente juzgado por el TPI. Magnífica la estratagema de su abogado que se ha ido a una localidad perdida de la mano de Dios, para mandar por vía postal un recurso para evitar que el criminal de guerra sea extraditado a la mayor brevedad. Hay que tener en cuenta que el movimiento nacionalista serbio todavía tiene mucha fuerza en el país, aunque nadie ha salido a la calle a protestar por la detención del genocida, con lo cual se puede pensar que la gente ya empieza a tener olvidada esta trágica parte de la historia y lo que pretende seguir viviendo. Además Karazic se ha negado en todo momento a ser representado por un abogado y llevará a cabo su defensa el mismo ante el TPI.
Esperemos que todo el peso de la ley caiga sobre uno de los protagonistas de uno de los más negros capítulos de la historia europea reciente y que está vez no pueda eludir la acción de la justicia. Todos los muertos que provoco serán testigos mudos de cómo se lleve a cabo el proceso.


